Barcelona, 1 jul (EFE).- Un estudio coordinado por investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) advierte que si continúan los recortes en la financiación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) esto podría provocar más de 14 millones de muertes «prevenibles» hasta 2030.
Este estudio coordinado por ISGlobal, centro de investigación perteneciente a la Fundación «La Caixa», ha sido publicado en la revista The Lancet y lanza una seria advertencia sobre las consecuencias de los recientes recortes en la ayuda exterior de Estados Unidos.
Además de los investigadores del ISGlobal, han participado en el estudio el Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahía (ISC-UFBA) -de Brasil-, la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) -de EEUU- y el Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM) -de Mozambique-, entre otros.
Los autores del estudio aseguran que hasta ahora la financiación con la que contaba la USAID contribuyó a salvar 91 millones de vidas en los últimos veinte años, pero advierten que los recortes anunciados por el presidente de EEUU, Donald Trump, podrían poner en riesgo las ayudas internacionales.
Las vidas salvadas por la USAID durante los últimos veinte años, como la mayor agencia mundial de financiación de ayuda humanitaria y desarrollo, corresponden a «países de ingresos bajos y medios».
Según los autores del estudio, los recortes anunciados en los programas de cooperación internacional podrían revertir las ayudas y provocar «más de 14 millones de muertes adicionales de aquí a 2030, incluyendo más de 4,5 millones de menores de cinco años», lo que equivale a unos 700.000 fallecimientos infantiles adicionales por año.
Davide Rasella, investigador ICREA en ISGlobal y coordinador del estudio, indica que «la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo (FFD4) que tiene lugar esta semana en Sevilla es una oportunidad para alinear la financiación global con las necesidades reales sobre el terreno».
Rasella: es el momento de ampliar, no de recortar
«Si queremos cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), no podemos permitirnos desmantelar mecanismos de financiación como USAID, que han demostrado salvar millones de vidas. Es el momento de ampliar, no de recortar», subraya Rasella.
Los investigadores analizaron datos de 133 países y combinaron dos enfoques: una evaluación retrospectiva del periodo 2001–2021 y modelos de proyección hasta 2030.
Utilizaron modelos estadísticos y de microsimulación que tuvieron en cuenta factores como población, ingresos, educación y sistemas de salud para estimar el impacto de la financiación de USAID en la mortalidad «prevenible», incluyendo diferencias por grupo de edad y causa de muerte.
El estudio concluye que los programas apoyados por USAID se asociaron con una reducción del 15 % en la mortalidad general y una reducción del 32 % en la mortalidad infantil (menores de cinco años).
Se estima que se evitaron más de 91 millones de muertes durante este periodo, de las cuales aproximadamente 30 millones fueron de niños.
En los países que recibieron mayor financiación, el impacto fue más notable en enfermedades prioritarias: la mortalidad por VIH/Sida disminuyó un 74 %, por malaria un 53 % y por enfermedades tropicales desatendidas un 51 %.
También se observaron reducciones significativas en muertes causadas por tuberculosis, desnutrición, enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias, y causas maternas y perinatales.
Millones de vidas están ahora en riesgo
Para estimar las consecuencias futuras de los recortes, los investigadores simularon dos escenarios: mantener los niveles de financiación de 2023 o implementar los recortes drásticos anunciados a principios de 2025, que suponen una reducción del 83 % en los programas de USAID.
Este porcentaje refleja el impacto previsto no solo en salud, sino también en sectores clave como nutrición, educación, agua y saneamiento, y ayuda humanitaria.
Rasella alerta sobre el riesgo de frenar bruscamente, incluso revertir dos décadas de progreso en salud en poblaciones vulnerables, y advierte que el impacto «sería comparable al de una pandemia global o un gran conflicto armado».
Un efecto dominó global
El estudio advierte que el impacto de los recortes podría ir más allá de los propios programas de USAID, porque con EEUU aportando hasta ahora más del 40 % de la financiación humanitaria global otros donantes internacionales podrían verse incentivados a reducir también sus compromisos.
Esto debilitaría aún más la prestación de servicios en países que ya dependen del apoyo externo.
Más allá del apoyo directo a la atención sanitaria, los autores destacan la importancia de los programas financiados por USAID para mejorar la educación, la seguridad alimentaria, el acceso al agua potable y la resiliencia económica, elementos clave que configuran los determinantes sociales de la salud. EFE
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Los recortes de EEUU a la cooperación podrían causar 14 millones de muertes prevenibles
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Demuestran que el duelo por la pérdida de un ser querido fue más complejo en pandemia
Granada, 1 jul (EFE).- Una investigación ha demostrado que el duelo por la pérdida de un ser querido fue especialmente complicado durante la pandemia del covid por factores como la dificultad de recibir apoyo social o la ausencia de ritos funerarios, aunque el estudio también ha destacado la capacidad de adaptación del ser humano.
Científicos del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada (UGR), junto a investigadores de la Universidad de Alicante, han analizado las respuestas a una pérdida durante los días más duros de la pandemia.
Este estudio recoge las experiencias de quienes perdieron a alguien cercano durante la pandemia y expone cómo diversos factores asociados a ella influyeron en sus procesos de duelo.
El principal objetivo de la investigación es acercarse a las vivencias para comprenderlas en profundidad y examinar las etapas del proceso que resultaron más afectadas.
Las respuestas emocionales como el shock intenso y la ira se agudizaron por las circunstancias de la muerte y el miedo a perder a otras personas y las interferencias a la hora de recibir apoyo o acompañar a quienes habían sufrido una pérdida generaron una soledad adicional.
«Sin embargo, hemos encontrado que algunas personas también fueron capaces de adaptarse a las nuevas circunstancias; por ejemplo, comunicándose a través de las redes sociales, generando grupos de apoyo online o realizando ritos funerarios alternativos a los habituales», ha explicado la investigadora de la UGR Andrea Redondo Armenteros, una de las firmantes del trabajo.
Durante la fase de enfermedad, circunstancias como la saturación del sistema sanitario o los protocolos de las residencias llegaron a provocar dudas en las personas dolientes sobre si su familiar había sido atendido como lo hubiera sido en otras circunstancias.
Además, la investigación ha señalado que las medidas para evitar el contagio provocaron que algunas personas no pudieran despedirse de su ser querido antes de la muerte o celebrar los ritos funerarios habituales en nuestra sociedad.
«Todos estos factores han supuesto un problema a la hora de asimilar la muerte. Otro obstáculo generado fue la decepción social, al observar cómo había quienes no respetaban las medidas o no sabían reaccionar adecuadamente al duelo que estaban viviendo», ha añadido la catedrática de la Facultad de Psicología de la UGR María Nieves Pérez Marfil.
El trabajo, que publica la revista Heliyon, ha subrayado la importancia de considerar el contexto pandémico al abordar el duelo y la necesidad de adaptar los protocolos hospitalarios y sociales para minimizar el impacto en futuras crisis.
Ha apostado además un mensaje de esperanza en la forma en la que las personas son capaces de adaptar sus estrategias de afrontamiento, incluso en circunstancias adversas. EFE
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Demuestran que los conductores circulan más lento con líneas más anchas en la carretera
Granada, 2 jul (EFE).- Una investigación de ingeniería civil ha demostrado que aumentar la anchura de las líneas blancas longitudinales de la carretera lleva a los conductores a circular más despacio, una medida que mejora la seguridad vial y reduce el riesgo de accidentes.
El grupo de investigación TRYSE (Transporte y Seguridad) de la Universidad de Granada (UGR) ha comprobado la reacción de los conductores al aumentar la anchura de las marcas viales longitudinales de las carreteras y cómo perciben la velocidad de circulación.
Según el estudio, las marcas longitudinales más anchas producen un efecto visual de reducción de la anchura de los carriles, lo que lleva a los conductores a conducir más despacio, disminuyendo así el riesgo de accidentes.
El experimento ha consistido en grabar vídeos desde el interior de coches circulando por carreteras de Andalucía, tanto con las marcas viales normales como con las modificadas para ensanchar las líneas, y conduciendo a igual velocidad.
En una fase posterior, se ha hecho una encuesta a casi 2.500 conductores a nivel nacional basada en los vídeos, en la que se ha preguntado con qué tipo de marcas perciben una mayor sensación de velocidad.
«Los resultados indican que, para una serie de casos y combinaciones, la percepción de velocidad con las líneas longitudinales más anchas es superior a la de las normales», ha explicado el catedrático del Departamento de Ingeniería Civil de la UGR y primer autor de este trabajo, Juan de Oña.
Los investigadores han detectado esa sensación de más velocidad provocada por la anchura de las líneas en varios casos concretos, como mujeres que no han provocado un accidente ni recibido una multa de tráfico en los últimos cinco años.
Otro caso tiene que ver con la experiencia en la conducción superior a 22 años, lo que significa que el fenómeno es más evidente en personas mayores y experimentadas.
«El último dato es de aplicación práctica y de gran valía. Nos dice que las marcas viales más anchas pueden ser efectivas a la hora de mejorar la seguridad vial en las personas mayores, lo que tiene una gran importancia en una sociedad que está envejeciendo rápidamente», ha añadido De Oña.
El estudio ha demostrado el efecto beneficioso en algunos perfiles de conductores: mujeres, personas más mayores, conductores que no han provocado accidentes y cumplidores de las normas de circulación.
Este trabajo científico ha identificado también que la sensación de velocidad es mayor con líneas anchas en las curvas a la derecha, donde se reduce la visibilidad con respecto a las curvas a la izquierda. EFE
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