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  • El ADN desvela el vínculo entre la contaminación y el cáncer de pulmón en no fumadores

    Madrid, 2 jul (EFE).- Uno de cada cuatro casos de cáncer de pulmón afecta a personas que no han fumado nunca, no se sabe por qué. Ahora, un estudio basado en las mutaciones genéticas de tumores de no fumadores de todo el mundo desvela que el aire contaminado que respiramos puede ser la causa.

    Aunque estudios anteriores habían demostrado una relación epidemiológica entre la contaminación atmosférica y el cáncer de pulmón en personas no fumadoras, la nueva investigación demuestra por primera vez que la contaminación daña el ADN y que hay un vínculo genómico en el aire que respiramos y cáncer de pulmón.

    El estudio, publicado en Nature, ha sido dirigido por Ludmil Alexandrov, de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), y por Maria Teresa Landi, del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) estadounidense, y cuenta con la participación de los científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas español (CNIO) Pilar Gallego y Marcos Díaz-Gay.Una tendencia preocupante
    En los últimos años, los casos de cáncer de pulmón en personas que nunca han fumado están aumentando. Este tipo de cáncer afecta especialmente a mujeres asiáticas y tiende a ser más recuente en el este de Asia que en países occidentales.

    "Observamos esta preocupante tendencia de que quienes nunca han fumado desarrollan cada vez más cáncer de pulmón, y no entendemos por qué", señala Ludmil Alexandrov.

    "Es un problema mundial urgente y creciente", añade Landi, epidemióloga de la División de Epidemiología y Genética del Cáncer del NCI.

    Hasta ahora, la mayoría de los estudios anteriores sobre cáncer de pulmón no diferencian entre los datos de fumadores y de no fumadores, y eso "ha limitado la identificación de factores de riesgo en estos pacientes. Nuestro estudio recopila datos de no fumadores de todo el mundo, y utiliza la genómica para rastrear qué exposiciones podrían estar causando estos cánceres", apunta.

    Para hacer el estudio, el equipo analizó los tumores de pulmón de 871 personas que nunca habían fumado y vivían en 28 regiones de África, Asia, Europa y Norteamérica con distintos niveles de contaminación atmosférica.

    Al secuenciar el genoma completo identificaron distintos patrones de mutaciones del ADN -conocidos como firmas mutacionales-, que vienen a ser huellas moleculares de exposiciones ambientales pasadas.

    Combinando los datos genómicos con estimaciones de contaminación atmosférica, descubrieron que los que vivían en entornos más contaminados acumulaban un número significativamente mayor de mutaciones en sus tumores de pulmón: Presentaban 3,9 veces más mutaciones relacionadas con el tabaquismo y un 76% más de mutaciones relacionadas con el envejecimiento.

    De hecho, el estudio constató que cuanto más expuesta estaba una persona a la contaminación, no solo tenía más mutaciones en su cáncer, sino que también tenía telómeros más cortos -los capuchones que protegen los extremos de los cromosomas-, que es un signo de envejecimiento celular.

    "En este estudio hemos visto que a mayor contaminación, mayor número de mutaciones, lo que no quiere decir que todas las mutaciones vayan a causar cáncer, pero algunas sí pueden estar relacionadas con el proceso carcinogénico. Y cuántas más mutaciones, más posibilidades hay de que una sea mala y el cáncer se desarrolle", explica a EFE Marcos Díaz Gay, jefe del nuevo de Grupo de Genómica Digital del CNIO y primer firmante del trabajo.

    En cualquier caso, "el cáncer no es sólo mutaciones, hay otros procesos a nivel inmunológico que también influyen pero nuestro estudio apoya la hipótesis de que las mutaciones asociadas a la contaminación podrían ser un factor de riesgo importante", subraya.Una firma mutacional inesperada
    El estudio ha identificado otro riesgo ambiental: el ácido aristolóquico, un carcinógeno presente en ciertas hierbas medicinales tradicionales, que es responsable de una firma mutacional que se encontró sobre todo en los pacientes de Taiwan que nunca habían fumado.

    Aunque este ácido se ha relacionado anteriormente con cánceres de vejiga, gastrointestinales, renales y hepáticos por ingestión, es la primera vez que se relaciona con el cáncer de pulmón.

    Además, el grupo identificó una nueva firma mutacional de origen desconocido y en mayor proporción en cánceres de pulmón de personas no fumadoras respecto a los fumadores. La firma no se correlaciona con la contaminación atmosférica, ni con ninguna otra exposición ambiental conocida.

    "La observamos en la mayoría de los casos de este estudio, pero aún no sabemos a qué se debe. Esto es algo totalmente distinto, y abre un área de investigación completamente nueva", reconoce Alexandrov.

    "Esta firma mutacional es muy prevalente: En no fumadores está presente en un 75% de los casos, mientras que en fumadores está solo en un 27% pero, aunque a día de hoy no podemos determinar de dónde viene, es la que más mutaciones genera en no fumadores", apunta a EFE Marcos Díaz.

    En próximos estudios, los investigadores incluirán casos de cáncer de pulmón en no fumadores de América Latina, Oriente Medio y más regiones de África.

    Además, "queremos continuar esta investigación abriendo nuevas vías para analizar otros riesgos potenciales como el consumo de marihuana o los vapeadores y riesgos ambientales como el gas radón, que sabemos que es un factor de riesgo para el cáncer de pulmón que a día de hoy no es tan conocido", concluye Díaz-Gay. EFE

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  • El inesperado aumento de la salinidad agrava la pérdida de hielo en el océano Antártico

    Madrid, 30 jun (EFE).- El inesperado aumento de la salinidad en el océano Antártico está provocando un aumento de la temperatura del agua y una acelerada pérdida del hielo submarino que podría provocar cambios permanentes en esta región y de forma indirecta en todo el planeta.
    Es el resultado de un trabajo que han realizado, utilizando tecnologías satelitales y dispositivos robóticos flotantes, centros de investigación de varios países, entre ellos el Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Barcelona; hoy publican el resultado de la investigación en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
    La investigadora Estrella Olmedo, del Instituto de Ciencias del Mar, ha subrayado a EFE la importancia y la relevancia de este trabajo para explicar el cambio en la dinámica del hielo marino en la Antártida que se ha producido durante los últimos años, y ha valorado los datos reportados por la misión ‘Soil Moisture and Ocean Salinity’ (SMOS) -Humedad del Suelo y Salinidad de los Océanos- de la Agencia Espacial Europea.
    Y es que se trata, según los investigadores, de un cambio «dramático e inesperado» y que revierte la tendencia anterior, ya que la superficie del océano se había vuelto menos salada y se había enfriado durante las últimas décadas, lo que había favorecido el crecimiento del hielo marino, una tendencia que según esta nueva investigación se ha revertido de forma drástica.
    El gigantesco ‘agujero’ marino
    Desde el año 2015, la Antártida ha perdido una cantidad de hielo marino equivalente al tamaño de Groenlandia, lo que supone uno de los mayores cambios ambientales observados en la Tierra, y el Océano Antártico se está volviendo también más salado, un cambio que está agravando el problema.
    Los científicos, coordinados por la Universidad de Southampton (Reino Unido), han corroborado ahora un aumento repentino de la salinidad de la superficie marina por debajo de los 50º de latitud, que ha coincidido además con el resurgimiento de la ‘polinia’ Maud Rise en el Mar de Weddell, un gigantesco agujero (de unas cuatro veces el tamaño de Gales- en el hielo marino que deja al descubierto el agua subyacente
    El regreso de esa ‘polinia’ revela, han subrayado los investigadores en la revista, lo inusuales que son las condiciones actuales, y han advertido que si este estado salado y con poco hielo continúa, podría transformar permanentemente el Océano Antártico y provocar cambios en todo el planeta.
    Se trata además de la primera vez que los investigadores han podido monitorear los cambios en tiempo real y comprobar cómo se ha revertido una tendencia previa, ya que las proyecciones anteriores enfatizaban un mayor enfriamiento de la superficie y una estratificación (diferentes densidades en las capas océanicas) mucho más pronunciada, lo que podría haber contribuido a mantener durante más tiempo una cobertura de hielo marino.
    El declive del hielo coincide con el aumento de la salinidad
    Estrella Olmedo ha observado que hasta 2015 el hielo marino de la Antártida tenía, al contrario que en el Océano Ártico, una dinámica creciente, pero a partir de 2016 comenzó a decrecer, y ha detallado a EFE que había dos teorías para explicarlo: por efectos atmosféricos (cambio en los vientos) o por efectos de la circulación oceánica.
    «En este trabajo mostramos que el declive del hielo marino en la Antártida coincide con un aumento de la salinidad del mar en toda la región», ha corroborado la investigadora, y ha señalado que la posible causa de este declive es un resurgimiento de las aguas profundas en la región, ya que esas aguas son más cálidas y saladas y por tanto deshacen el hielo.
    La investigadora ha detallado que han podido ver este aumento de salinidad gracias a las observaciones satelitales de la misión Europea SMOS, que lleva monitoreando la salinidad de los océanos desde hace más de 15 años, y ha apuntado que la calidad de las observaciones en la Antártida eran muy malas, y no permitían ver cambios como los que ahora se están viendo.
    «Gracias a nuevos algoritmos de procesado de la señal de SMOS ahora sí que podemos ver con precisión estos cambios», ha señalado.
    Estrella Olmedo ha advertido de que si persiste la reversión que han observado los investigadores ahora «sería una señal de alarma», ya que esta zona se caracteriza por ser una región donde las aguas, al enfriarse, se hunden, y al hundirse atrapan calor y dióxido de carbono, por lo que, si hay un cambio en esa dinámica, la región pasaría de ser una región que ‘secuestra’ calor y dióxido de carbono a ser una fuente emisora de estos.
    A la vista de las conclusiones de este trabajo, la investigadora ha incidido en la urgencia de asumir la vulnerabilidad del momento actual y de que se adopten medidas políticas efectivas «inmediatas». EFE
    rc/cc

  • Los microplásticos se encuentran ya en los fluidos reproductivos humanos

    Madrid, 2 jul (EFE).- Científicos españoles han detectado microplásticos en el 69% de las muestras de liquido folicular femenino y en el 55% de las muestras del líquido seminal masculino, los fluidos reproductivos humanos esenciales para la concepción natural y asistida. En ambos casos, el polímero más frecuente fue el politetrafluoroetileno (PTFE).
    El estudio preliminar, cuyos detalles se han publicado este miércoles en la revista Human Reproduction y se expondrán en el encuentro anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) que se celebra en París (Francia), plantea importantes cuestiones sobre los posibles riesgos para la fertilidad y la salud reproductiva.
    Los investigadores examinaron el líquido folicular de 29 mujeres y el líquido seminal de 22 hombres e identificaron una serie de polímeros microplásticos de uso común, como el politetrafluoroetileno (PTFE), el poliestireno (PS), el tereftalato de polietileno (PET), la poliamida (PA), el polipropileno (PP) y el poliuretano (PU), en ambos grupos.
    El 69% de muestras femeninas tenían microplásticos. El polímero detectado con más frecuencia fue el PTFE, en el 31 % de las muestras, seguido del PP (28 %), el PET (17 %), el PA (14 %), el polietileno (PE) (10 %), el PU (10 %) y el PS (7 %), en orden descendente de prevalencia.
    En las muestras de líquido seminal masculino, se encontraron microplásticos en el 55 % de las analizadas. El PTFE volvió a ser el polímero más prevalente, identificado en el 41 % de las muestras, aunque también se detectó PS (14 %), PET (9 %), PA (5 %) y PU (5 %), en concentraciones más bajas.
    Todas las muestras se recogieron y almacenaron en recipientes de vidrio y se sometieron a un tratamiento químico antes de su análisis mediante microscopía láser infrarroja directa para evitar su contaminación.
    «Estudios anteriores ya habían demostrado que se pueden encontrar microplásticos en varios órganos humanos. Por lo tanto, no nos sorprendió del todo encontrar microplásticos en los fluidos del sistema reproductivo humano, pero nos llamó la atención lo comunes que eran: se encontraron en el 69 % de las mujeres y el 55 % de los hombres que estudiamos», explica el investigador principal del estudio, Emilio Gómez-Sánchez, de la Universidad de Murcia (España).
    Una amenaza para la salud
    Se sabe que los microplásticos -partículas de plástico de menos de 5 milímetros- son una amenaza para la salud pública y el medio ambiente, por lo que, aunque la investigación no evaluó cómo afectan a la fertilidad, su detección subraya la necesidad de estudiar las posibles implicaciones para la salud reproductiva humana.
    «Lo que sabemos por los estudios en animales es que, en los tejidos donde se acumulan los microplásticos, estos pueden provocar inflamación, formación de radicales libres, daño en el ADN, senescencia celular y alteraciones endocrinas», apunta Gómez-Sánchez, quien también es director del laboratorio de reproducción asistida de Next Fertility Murcia y embriólogo jefe y coordinador científico en Gametia Gamete Bank.
    «Es posible que puedan afectar a la calidad de los óvulos o los espermatozoides en los seres humanos, pero aún no tenemos pruebas suficientes para confirmarlo», puntualiza el biólogo español.
    Para evaluarlo, el equipo de investigación tiene previsto ampliar su análisis a una cohorte más amplia, junto con cuestionarios detallados sobre el estilo de vida y la exposición ambiental.
    Y en fases posteriores del proyecto se explorará la posible relación entre la presencia de microplásticos y la calidad de los ovocitos y los espermatozoides.
    La fertilidad está influenciada por muchos factores, entre ellos la edad, la salud y la genética, por lo que los resultados no deben causar alarma entre quienes intentan concebir, sostiene Gómez-Sánchez.
    «No hay motivo para alarmarse en este momento. Los microplásticos son solo uno de los muchos elementos que pueden influir en la fertilidad. Sin embargo, es sensato considerar formas de reducir nuestra exposición a ellos. Medidas sencillas, como utilizar recipientes de vidrio para almacenar y calentar los alimentos, o limitar la cantidad de agua que consumimos de botellas de plástico, pueden ayudar a minimizar nuestra ingesta». EFE
    ecg/ess

  • Los humanos habitaron las selvas de Guinea de manera continuada durante más de 20.000 años

    Madrid, 2 jul (EFE).- Recientemente, un equipo español de científicos descubrió que hace unos 40.000 años, los humanos prosperaron en uno de los ecosistemas más desafiantes del planeta: las selvas de Guinea Ecuatorial. Ahora, ese mismo equipo ha confirmado que los Homo sapiens ocuparon la zona durante más de 20.000 años.
    El estudio, liderado por el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), Antonio Rosas, y en el que han colaborado científicos del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), todos de España, se basa en los datos recopilados durante once campañas paleoantropológicas desarrolladas en Guinea Ecuatorial.
    La investigación, que se ha publicado en la revista Quaternary International, pone de manifiesto las capacidades tecnológicas y la evolución de los Homo sapiens que habitaron Guinea Ecuatorial durante más de 20.000 años, uno de los ecosistemas más hostiles y desafiantes del planeta.
    En las campañas, realizadas por todo Guinea Ecuatorial desde 2014, el equipo ha identificado 449 afloramientos estratigráficos, cincuenta de ellos con cerca de 900 herramientas líticas que evidencian una sofisticada tradición tecnológica.
    Todos los utensilios descubiertos se han datado entre 45.000 y 21.000 años antes de nuestra era, es decir, que se fabricaron al final del Paleolítico Medio africano o Middle Stone Age (comprendido aproximadamente entre 300.000 y 25.000 años antes del presente), apunta el estudio.
    «Estos datos indican que las poblaciones del Paleolítico Medio persistieron en esta región incluso cuando en otras zonas del continente ya se había desarrollado el Paleolítico Superior», destaca Antonio Rosas.
    El estudio no solo evidencia la presencia de los primeros Homo sapiens en todo Guinea Ecuatorial, sino que muestra que dicha ocupación fue sistemática, generalizada y más duradera de lo que se pensaba hasta el momento.
    Estas conclusiones respaldan los resultados obtenidos por el mismo equipo de investigadores en enero de este año, cuando un estudio publicado en la revista Quaternary Science Reviews aportó pruebas de la avanzada capacidad tecnológica y cultural de nuestros antepasados.
    Aquel estudio reportaba las pruebas halladas en el yacimiento ecuatoguineano de Río Campo, más de 400 herramientas de piedra, como puntas bifaciales y útiles asociados a actividades de caza y procesamiento de materiales que demostraban una gran complejidad tecnológica y unas capacidades culturales que permitieron a estas comunidades humanas adaptarse a entornos hostiles con una densa vegetación, altas temperaturas y recursos impredecibles.
    «Se trata de evidencias de cómo los humanos modernos se adaptaron a entornos tan complejos como las selvas ecuatoriales africanas», subraya Rosas.
    En paralelo, la datación de las herramientas, de entre 45.000 y 20.000 años, ponen de manifiesto «una transmisión de conocimientos técnicos que, en el espacio, conecta con otras industrias líticas del centro y sur de África y, en el tiempo, supone una tradición tecnológica sostenida durante milenios», añade Juan Ignacio Morales, investigador del IPHES-CERCA y coautor del estudio.
    Aunque la narrativa tradicional sobre la evolución humana en África se ha planteado como algo simple y lineal -como una escalera evolutiva unidireccional que transcurre de padre a hijos-, los últimos descubrimientos están demostrando que la evolución humana fue mucho más compleja y diversa, y que en el pasado múltiples especies de homínidos coexistieron, se interconectaron y se adaptaron a distintos entornos, formando ‘un complejo mosaico’.
    Asimismo, aunque tradicionalmente las investigaciones se han centrado en regiones áridas o semiáridas de África donde el registro fósil es más abundante, las campañas antropológicas desarrolladas por este equipo de investigadores están reivindicando la importancia de África Central para entender la vida, evolución y adaptación del Homo sapiens.
    «La visión tradicional asumía una ocupación humana tardía en las selvas ecuatoriales africanas, pero tanto en este trabajo como en el anterior hemos confirmado su presencia en estos entornos tan hostiles», añade Rosas.
    La próxima campaña en Guinea Ecuatorial -la número 12 A- comenzará a principios de julio y, en esta ocasión, contará con la participación de instituciones ecuatoguineanas como el Instituto Nacional de Desarrollo Forestal y Manejo del Sistema de áreas Protegidas y la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial.
    El equipo refinará las dataciones existentes y recogerá datos sedimentológicos y geomorfológicos en dos regiones del norte del país: la cuenca del río Campo y la región de Temelón, para tratar de averiguar el origen de los grupos humanos que habitaron estos ecosistemas.
    «No se descarta que sean descendientes de poblaciones presentes en la región desde hace más de 250.000 años, aunque una hipótesis que se pretende contrastar es la posible influencia de migraciones humanas desde el este de África, coincidiendo con una gran expansión demográfica hace unos 70.000 años», advierte Antonio Rosas. EFE
    ecg/ess